lunes, 31 de agosto de 2015

La fotografía como testigo de la historia




Desde su aparición, la fotografía ha formado parte de la memoria, inmortalizando los momentos más importantes de nuestra historia reciente convirtiéndose, de esta forma, en un auténtico documento social.

La fotografía lucha constantemente contra la muerte y el olvido, en ella sobrevive la pasión por captar algo para el recuerdo; es como una memoria eternamente presente que construye imágenes de hechos y personas que queremos seguir viendo y sintiendo.

La democratización del retrato, ocurrida inicios del siglo XX con el abaratamiento y perfeccionamiento de la técnica fotográfica, provocó un aumento de la demanda de este tipo de reproducciones. El retrato individual seguía siendo el más solicitado, pero el de familia empezó a ocupar un lugar importante dentro de los encargos. Los fotógrafos trataban de captar la esencia de la estructura familiar que giraba en torno al orden patriarcal. Asimismo, las ciudades, los paisajes y las escenas de la cotidianidad se convirtieron en el foco de atención de los pioneros de la técnica.

En ese contexto, José Domingo Laso fue un fotógrafo de enorme importancia para reafirmar y reproducir el discurso instaurado por los grupos de poder de inicios del siglo XX en Quito. La importancia del trabajo de Laso se manifiesta en sus publicaciones y en las colaboraciones realizadas para varios investigadores del siglo XX. Sus fotografías fueron reproducidas en postales, en libros, revistas.

Gracias a su esfuerzo se convirtió en uno de los más famosos fotógrafos del Ecuador y fotografiaba a familias pudientes, a los nobles de Quito y a las familias burguesas, pero también de la ciudad, sus habitantes y la vida cotidiana, pero matizado por el discurso hegemónico de la época.

José Domingo tenía un taller de fototipia y fotograbado, que fueron las técnicas que permitieron que democratizara las imágenes, pues estas estaban confinadas durante mucho tiempo al ámbito privado. No conforme con el ajetreo de su oficio, este fotógrafo publicó 7 libros y cerca de 250 postales, que abordaron 3 grandes temáticas: Quito, los alrededores de la ciudad y los indígenas y sus costumbres.

La serie de postales de Quito fueron las qué más se enfocaron en de hacer de Quito un “Buenos Aires o un París chiquito” y para lograrlo debía, en algunos casos, eliminar a ciertos elementos o personajes que no “favorecían” a la imagen, en su mayoría indígenas que según François Laso, curador de La Huella Invertida, “eran personajes de otra época, que no debían aparecer en las imágenes de Quito, con las que José Domingo Laso intentaba mostrarla al mundo”.

Para realizar este trabajo, implicaban un esfuerzo enorme e nivel microscópico, pues la técnica consistía en tallar y dibujar directamente sobre la plana de vidrio que era el negativo de la fotografía. Ese y otros procesos formaron parte habitual en el oficio de Laso en su afán de producir imágenes atractivas, promocionales, publicitarias de Quito. Es en este punto en que la exposición “La Huella invertida” plantea una reflexión en torno al rol social de la fotografía y su capacidad de captar fielmente la realidad.

Masificar la imagen de Quito era una de los mayores deseos de José Domingo Laso.


Comunicación
Museo de la Ciudad

miércoles, 26 de agosto de 2015

José Domingo Laso, fotógrafo de Quito



La fotografía lucha constantemente contra la muerte y el olvido, en ella sobrevive la pasión por captar algo para el recuerdo; es como una memoria eternamente presente que construye imágenes de hechos y personas que queremos preservar. Por esta razón surge la necesidad de atesorar imágenes.


La fotografía, como procedimiento técnico fue presentada públicamente en la Academia de Ciencias de Paris en el mes de agosto de 1839 de la mano de sus inventores Louis Daguerre y Joseph Nicéphore Niépce. En pocos meses esta técnica, que plasmaba imágenes en metal y que recibió el nombre de daguerrotipo en honor a uno de sus inventores, llegó al continente americano y su difusión fue imparable.

En este contexto, a finales del siglo XIX se establece en Quito el estudio fotográfico de José Domingo Laso (1870-1927). Quien nació en Quito en el seno de una familia notable, pues su abuelo José María Laso, abogado guayaquileño, fue senador por la provincia del Guayas. José Domingo Laso estudió en la escuela de los hermanos Cristianos del Cebollar. Una vez terminados sus estudios comenzó a trabajar en una imprenta como maestro de Tipografía. Hacia 1897 José Domingo Laso conoció a un padre Salesiano de origen italiano. Este acontecimiento podría pasar inadvertido en una biografía, sin embargo este hecho unido a su boda con Delina Iturralde, prima del pintor Juan León Mera, fue lo que encaminó a Laso al mundo de la fotografía.

En 1899 José Domingo Laso inauguró su primer taller de fotografía, Fotografía Laso ubicado primero en la Carrera Bolivar y posteriormente en la Carrera Venezuela, entre las calle de las Escribanías (actual calle Chile) y la calle Mejía, en el centro económico de la capital ecuatoriana.

Como todos los estudios fotográficos de la época, el trabajo principal de Fotografía Laso consistía en la realización de cartes de visite, es decir, tarjetas de visita, y retratos de la burguesía local y de autoridades políticas y religiosas del Ecuador.

En 1903 José Domingo Laso colaboró en la elaboración de un mapa de la ciudad de Quito realizado por el ingeniero norteamericano Henry Grant Hingley. Este plano es todo un dispositivo de demostración pues estaba acompañado de anuncios comerciales, referencias visuales fotográficas y textos descriptivos de los principales edificios civiles y eclesiásticos de Quito. En ese trabajo, cinco de las ocho “viñetas fotográficas” de la ciudad de Quito fueron realizadas por Laso, participando de esa forma en la construcción de una ciudad moderna y turística. Posteriormente, estas viñetas fueron publicadas en forma de tarjetas postales.

En el mes de febrero de 1909, aparece por primera vez la revista quincenal Ilustración Ecuatoriana. Esta revista fue una de las primeras en publicar de forma permanente fotograbados con reproducciones de fotografías. Entre los fundadores de Ilustración Ecuatoriana estuvo José Domingo Laso; acompañado de los que, posteriormente, fundarían la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos, el 7 de julio de 1909.

A partir de aquel trabajo, en la obra de José Domingo Laso, se comienzan a percibir ciertos principios formulados por poetas y críticos de la época: ideal de belleza, autonomía del arte y sensibilidad del artista. Postulados que fueron claves en el desarrollo de la Modernidad en Ecuador. En ese mismo año, Laso comenzó a impartir lecciones de fotograbado en la Escuela de Bellas Artes.

En contraposición con lo establecido en la revista Ilustración Ecuatoriana, Laso también producía tarjetas postales en las que se otorgaba visibilidad a aquello que la sociedad de la época, marcada por los valores de las élites blanco-mestizas, pretendía encubrir. Entre 1899 y 1927 Laso publicó muchas tarjetas postales con paisajes y vistas de Quito, sin embargo también publicó una serie denominada Alrededores de Quito y Costumbres de Indios donde se muestran imágenes de indígenas ecuatorianos.

De esta forma Laso se convirtió no solo en un referente para el mundo de la fotografía en Quito, sino también en uno de los principales exponente de la Modernidad ecuatoriana.



Enrique Izquierdo

Museologia Educativa MDC